Democracia Utópica

La democracia polariza

Dicen los más optimistas que democracia es un sistema de gobierno en el que los pueblos pueden gobernarse ellos mismos. Otros, al parecer pesimistas, dicen que la democracia no existe, que es sólo un antifaz que tapa la cara de los que nos manipulan. Todos discuten. Los de izquierda piensan que en el corazón de un gobernante de derecha no puede caber la democracia y, los de derecha, están obsesionados con la idea de recordarle a la masa indecisa los pecados contra la democracia que han cometido los gobernantes de izquierda. Hasta ahí llega la profundidad del discurso político en Colombia. Nadie entiende que la democracia implica polarización. Y tras la discusión todos quedan con la misma frustración porque en últimas no se sabe qué es democracia y nunca va a haber un candidato considerado demócrata al mismo tiempo por la derecha y por la izquierda.

Y nos pasamos la vida esperando un mesías que nos gobierne sabiamente y que nos dirija a un paraíso de bienestar y progreso que sólo existe en los sueños ilusos de los electores y en las palabras vacías de los candidatos. Vivimos en un sueño que nunca se cumple y que sólo sirve para que los avivatos nos sigan metiendo la mano en el bolsillo.

Una utopía llamada democracia

Tal vez la causa de todo esto sea que no estemos dando correctamente los pasos que puedan conducirnos por camino seguro hacia ese ideal llamado democracia. Tal vez la democracia no sea asunto de los gobernantes sino de los gobernados. Tal vez no sea posible que exista un gobernante demócrata por el simple hecho de que todos tenemos intereses personales. Tal vez el problema de las democracias esté en los pueblos mismos. Si un pueblo no es capaz de gobernarse, el que trate de gobernarlo posando de demócrata será visto como un pendejo. Y para que un pueblo pueda llegar a gobernarse necesita tener claros sus fines. Por eso la democracia es utopía. Por definición, la democracia sólo es posible si un pueblo elige, controla y, en casos extremos, depone a sus gobernantes. Cuando un pueblo elija, cuando un pueblo controle y cuando un pueblo sea capaz de destituir a sus gobernantes, podrá soportar presidentes y congresistas totalitarios de derecha o de izquierda y entonces se podrá decir que es una nación democrática. Y seguirá siéndolo en el tiempo, siempre en pos de sus propios fines, independientemente de las ideologías de sus gobernantes. Sólo cuando el pueblo sea demócrata podremos hablar de esa utopía llamada democracia.

Redes de locura

Hoy tenemos herramientas que pueden ayudarnos a participar de manera más directa en el gobierno. La tecnología se inventó el Twitter, el Facebook, el Instagram y otras redes que pueden ayudar a elevar candidatos y derrocar gobiernos. Pero no sabemos utilizar esas redes ni sabemos para qué pueden servir. No lo sabemos, porque son vertiginosamente nuevas. Las usamos sólo para desahogar nuestros odios y nos tragamos todo lo que en ellas se publica. A nadie se le ocurre que puedan servir para consolidar y socializar fines. El mundo ficticio que se gesta en esas redes de locura se va metiendo en nuestro mundo y va distorsionando nuestra realidad. Mientras tanto los que gobiernan, a través de las mismas redes, de la prensa oficial y de la propaganda pagada, nos llenan de mentiras el carriel.

Elegir, controlar, deponer

Elegir, controlar y deponer. O reelegir, si el gobernante resulta bueno. El problema de la sociedad colombiana radica en que creemos que con elegir es suficiente. Si el futuro es de todos, la política y el gobierno son de todos. Ya es hora de que empecemos a cambiar nuestras costumbres. Ya es hora de que aprendamos a conservar al buen gobernante y a derrocar al corrupto o al inútil que llegue a gobernarnos. Y eso lo tenemos que hacer entre todos. Después de elegir sigue controlar. Si no lo hacemos, siempre nos va gobernar la corrupción. Ya es hora de que facebook, whatsapp y twitter cobren el papel de interconectar el mundo. Por nuevas y caóticas que parezcan esas redes, nos corresponde a nosotros el papel de aprender a manejarlas. Nadie nos lo va a enseñar. Cambiemos nuestras costumbres y controlemos a quienes elegimos. Y después del voto, aprendamos a ejercer el veto. Si no lo hacemos, seguirá siendo mentira la democracia.

Q:. H:. LAM

Dec:. Ben:. y Resp:. Log:.

NIEVES DEL RUIZ # 14

Vall:. De Manizales

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